La sin razón de mi existencia, una frase algo complicada para quien supuestamente disfruta de su vida entre la alegría y la fantasía de existir. Mas motivos tuviera para explicar del porque en esta vida me encuentro disfrutando de lo que tengo y tanto más de lo que aprecio. Es en vano tratar de buscar un motivo para olvidar que mi motivo de vivir precisamente es el pronto morir. La razón putrefacta y perfecta del por qué desear la muerte precisamente es el querer vivir, suena complicado y bastante ilógico, como es que la vida puede ser el motivo perfecto de la muerte, como la vida ha de incitar o excitar a la muerte; pues es sencillo morir es dejar de vivir en lo terrenal y empezar a vivir en el corazón, les recuerdo que existen muchos muertos en vida. No deben extrañarse si es que pertenezco a los hombres dentro de esa estadística.
Estoy en un dilema, vivir entre palabras muertas o morir aguantando la mierda que me rodea, esa mierda que conmigo convive, que comparte sus días con mi vida, esa mierda que se ha de llamar familia, esa mierda que es mi misma vida. He declarado mi muerte varias veces, he predicho que mi pronta sucesión de poemas no me harán ser más famoso ni conocido si es que en esta tarde sedienta de sangre muriera. Si un coctel delicioso de licor mas fármacos consumiera, si una navaja cortara mis venas, si una palabra degollara mi corazón, si la caída desde las alturas aguantara, si morir en un mar de lágrimas tuviera razón. Si tan solo pudiese separar mi cuerpo de mi alma, si tan solo pudiera soportar el ver a mi madre llorar, a mi padre rezar, a mis hermanos pelear, a mi abuela hablar, si tan solo mis rodillas me pudieran aguantar. Si tan solo me dieran una última oportunidad para terminar mi vida, para con esta total crueldad acabar.
Quisiese acabar con este maldito don, sacrificar todas las cartas que he escrito y que en el futuro escribiré por tan solo un poco de valor, valor el suficiente y necesario valor que me permita, finiquitar mi vida, acabarla, terminarla y sobre todo acabar con todo este odio que he de acumular por tanto tiempo. Quisiese que mi alegría fuera sincera que mi sonrisa no disfrazara mi tristeza, que mis palabras no fueran tan bellas y que mis sentimientos sean mil veces más duros que la roca. Esa maldita roca sedienta de mi llanto, sedienta por verme caer en un infinito tranco de insatisfacción, quisiese simplemente dejar de pensar en lo que tengo y entregarme por completo a lo mejor que tengo, mi amor.
Pero la vida me ha ensañado que mi sacrificio es siempre el menos honesto, que cada cosa que haga nunca es suficiente que si deseo morir amando no puedo pues moriría conmigo el amor que por mi profesan, que si muriera para olvidar a mi familia, ellos me olvidarían más rápido de lo que yo pudiera. Entre lágrimas forzadas hoy estoy escribiendo, entre la indiferencia, la intolerancia, la imprudencia y la desesperación. Me encuentro enclaustrado entre el desprecio y la desesperación, esta tarde estoy celebrando el peor de los días de mi madre, el día en que mi madre se volvió, perdóname por haberte regalado la mierda de mi existencia, eres mujer de gran nobleza no mereces un hijo como este que has de tener.
Pido perdón porque mi catarsis es el escribir, mi depresión total el plasmar palabras aburridas y agobiadas por mi soledad, pido perdón por ser el animal hambriento de estas cartas que me han de saciar, terminan con el hambre insípida que tengo por morir, termino con mis silencios en estas epístolas que más que tristes están deprimidas por existir. Pido perdón por que lo que debería escribir no siempre debería ser mi vida, sino la ficción incierta de algo que nunca podrá existir, pido perdón por tan solo tener un deseo sincero, MORIR.
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