Las horas seguían contando; poco a poco se gastaban, se cansaban a su lado; a mi lado, a tu lado, frente a ti, frente a mí, todo era silencio, espejo. Los mismos momentos, iguales sentimientos, distintos tiempos y un diferente te quiero. Una ilusión que acaba de nacer con la esperanza de quererte, de sentir lo bello de pensar en tus ojos y mi mirada unidas en una sola gota de mil lagrimas. De pensar en que esto puede existir o pudo haber estado ahí, sin saber, sin pensarlo pero queriéndolo y soñándolo cada noche de manera subconsciente e inminente. Ha crecido hasta que llego aquí, a este hombre que fenecía en un lecho sangriento de sueños muertos, este hombre que ha nacido de nuevo, a este hombre que morir nunca deseó, pero aceptó, inmolando la vida de sus palabras perecederas en mi entierro.
Hoy espejo, me acompañas de nuevo, me das una vista más realista de mi mismo, me das una versión renovada de lo que fui, una actualización inútil de lo que siempre seré; hoy espejo, has hecho que mis ojos vuelvan a mirar, hoy gracias a ti he vuelto a temblar. 1460 o más las horas contadas, cada una de esas con una palabra, una frase, un verso y un no puedo o quizás un no debo. Forzando mi vida a evitar lo único bueno que tiene, es como el aceptar que no hay más vida que la nuestra y no aceptar a la muerte porque no la conocemos. Forzamos cada instante de nuestra existencia a aceptar solo lo que nos conviene y no a aceptar los dolores que esta nos regala. Queremos regresar en el tiempo, apelando a la tortuosa infelicidad de querer ser felices para siempre, y no a aprender que hay que llorar primero para luego reír mil veces más.
Cada dolor que nuestra vida entrega es simplemente un pedazo de concreto adaptándose a nuestra alma, a nuestro cuerpo; es que como todos sabemos, hay que caer primero para después levantarse, hay que llorar para reír, agacharse para poder llegar a lo más alto y vivir para luego morir, en paz. Espejo te quiebras frente a mí, derramas tus lágrimas justo cuando me tienes enfrente, creas una nueva nación de penas y llantos forzados, espejo aun te amo. Tú con tus opacos azules frente a mí, con tu intenso brillar al reír, tú con tu mirar sobre mi existir, ¿me acompañas a vivir?
Hoy espejo escribes junto a mí, me acompañas en esta noche silenciosa, como acompaña la luna a sus hijas las estrellas; me acompañas silenciosa dictándome tus palabras susurrándome tus sentimientos en mi oído, deleitándome con tu prosa y tus poemas y yo sin embargo lo único que hago es robarte tu inspiración, plasmarla en mis hojas blancas, en mi memoria llana y flácida. Hoy espejo te quejas adormitada de que no te permito descansar, que te utilizo demás que gasto tus maravillas y no compadezco tus heridas. Hoy espejo me doy cuenta que el tu eres yo, y que mi yo es un sueño, un sueño que no acaba hasta que en verdad de nuevo termine queriendo.
Continuare con este cuento el día que mi cuerpo se levante de nuevo…….
No hay comentarios:
Publicar un comentario